El dinero público de Puerto Rico no cabe en un solo presupuesto. Vive en tres pisos: el Gobierno Central, las corporaciones públicas y los municipios. Ningún documento oficial los suma en una sola imagen. Si se cuenta cada dólar una sola vez, el sistema completo mueve cerca de $42,500 millones al año. Este proyecto sigue ese dinero desde Washington y el recibo del IVU hasta servicios concretos, como una bandeja de almuerzo escolar de $3.50.
Parte del dinero aparece en más de un presupuesto. El Gobierno Central asigna fondos a la UPR, subsidia carreteras, apoya a municipios con menos ingresos y, recientemente, prestó efectivo a PREPA para cubrir cheques de pensión. Para el Piso 1 eso es un gasto; para los Pisos 2 o 3 es un ingreso. Si se suman todos los presupuestos sin ajustar, ese dinero se cuenta dos veces. Por eso, antes de llegar al total consolidado, hay que restar las transferencias internas:
Versión simple: por cada $3 que aparecen en el presupuesto más visible, casi $1 adicional se mueve por facturas de luz y agua, peajes, matrícula y presupuestos municipales.
La lectura directa es esta: 40¢ de cada dólar público llega de Washington; casi todo lo demás sale del bolsillo de residentes, empresas y usuarios en Puerto Rico, ya sea como impuestos, facturas, cuotas o peajes. Los Capítulos 0–10 recorren el primer piso: el Gobierno Central, donde $30,400 millones salieron realmente de las cuentas en el AF2024. El Capítulo 11 completa el mapa con corporaciones públicas y municipios.
Este informe habla en millones y miles de millones: escalas demasiado grandes para sentirlas de forma intuitiva. Antes de entrar en los datos, necesitamos calibrar el ojo.
La misma escala, ahora sin comprimir: los tres pisos completos, los ≈$42.5B que se explican en el Capítulo 11. El bloque rojo equivale al billón anterior; la pequeña marca naranja en la primera fila equivale a $1 millón.
— Un año fiscal termina. El conteo vuelve a empezar cada 1 de julio. —
Este capítulo no mira el presupuesto aprobado ni el edificio completo. Mira solo el primer piso: el dinero que salió de las cuentas del Gobierno Central en el AF2024. Es la parte con datos públicos más detallados, línea por línea.
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Cuatro áreas — Educación, seguro de salud público, cuentas centrales de Hacienda y bienestar familiar — concentran 58% de todo el gasto. La tercera más grande ni siquiera es una agencia de servicios: es una cuenta central que paga deuda, pensiones y otras obligaciones antes de que el gobierno entregue un servicio nuevo.
Leído como un dólar: cerca de 30¢ llegan directamente a la gente como beneficios, 20¢ pagan empleados públicos y 14¢ pagan obligaciones del pasado, principalmente pensiones y deuda, antes de financiar servicios actuales.
El Departamento de Educación concentra el mayor gasto del Gobierno Central: $5.37 mil millones. Para entender qué significa esa cifra, veamos el mismo dinero desde tres perspectivas distintas.
En el AF2024 la Legislatura aprobó $131M para mantenimiento escolar; solo se ejecutó el 52%. El gobierno ahora propone $465M para el AF2026 — una admisión tácita del atraso acumulado. El cuello de botella no es solo cuánto se presupuesta. Es la capacidad de realmente gastarlo.
Hay dos maneras válidas de medir este costo: el sistema le cuesta a los contribuyentes ~$22,900 por estudiante en total; educar a un niño hoy cuesta ~$17,900. La diferencia, unos $5,000 por estudiante, corresponde principalmente al costo de obligaciones acumuladas de generaciones anteriores, como las pensiones.
Uno de cada tres estudiantes en Puerto Rico asiste a una escuela privada — cerca del triple de la tasa de EE.UU. — en un territorio donde el ingreso mediano es una fracción del de la nación. Un tercio de las familias paga dos veces: impuestos por un sistema que no usan, más matrícula. Cotejado contra datos del Censo, estos conteos se sostienen dentro de un margen de ~15%, con un punto ciego genuino: unos 55,000–60,000 niños en edad escolar no aparecen en ningún conteo de matrícula (graduados, desertores, educados en el hogar, momento de la migración — nadie lo sabe con precisión).
Puerto Rico ya gasta cerca del promedio de Estados Unidos por estudiante. La pregunta incómoda es qué aprendizaje produce ese dinero cuando se compara con otros sistemas.
Posiciones aproximadas en una escala explicativa de complejidad (1–5), basada en los rangos de logro publicados de NAEP, TIMSS y PISA — no son niveles oficiales de las pruebas ni puntuaciones normalizadas, y no convierten las tres pruebas a una sola escala oficial. Los cinco niveles se describen en «Detrás del visual», justo debajo.
¿Qué aprendizaje produce el dinero que Puerto Rico gasta por estudiante, comparado con sistemas que gastan lo mismo o menos? Dicho de otro modo: ¿es el dinero la frontera del sistema educativo?
Nació de una observación de los capítulos anteriores: el gasto por estudiante de Puerto Rico ya está al nivel del promedio de Estados Unidos. Si el dinero fuera la única frontera, los resultados deberían parecerse. Quisimos poner esa intuición a prueba en una sola imagen: un círculo del tamaño del gasto, colocado sobre el tipo de problema que los estudiantes probablemente pueden resolver.
Cuatro fuentes de resultados y tres de gasto. Ninguna de estas pruebas comparte escala con las demás; por eso los cálculos convierten todo a un índice común.
| Prueba / fuente | Qué es | Aquí aporta |
|---|---|---|
| NAEP 2024 | La prueba nacional de Estados Unidos («The Nation's Report Card»), administrada por el gobierno federal en 4to y 8vo grado. Puerto Rico participa en matemáticas. | Los resultados de Puerto Rico y Estados Unidos en 4to y 8vo grado |
| TIMSS 2023 | Prueba internacional de matemáticas y ciencias en 4to y 8vo grado, organizada por la IEA cada cuatro años. Puerto Rico no participa. | Los resultados de Singapur; Estados Unidos toma NAEP y TIMSS, y sirve de puente entre ambas |
| PISA 2022 | Prueba de la OCDE a estudiantes de 15 años, cada tres años. Puerto Rico la tomó por última vez en 2015. | Los resultados de Estonia, Singapur y Estados Unidos a los 15 años, y la base histórica de Puerto Rico |
| ABRE (2019–2025) | Organización que analiza datos públicos del Departamento de Educación de Puerto Rico, incluida la proficiencia en escuela superior. | El ajuste que actualiza el resultado PISA 2015 de Puerto Rico a un estimado más reciente |
Variables: matemáticas en 4to grado, 8vo grado y a los 15 años; gasto público anual por estudiante. Cobertura: Puerto Rico, Estados Unidos, Estonia y Singapur.
La lógica completa, en palabras: (1) convertir cada puntuación a un índice relativo donde Estados Unidos = 100; (2) hacerlo en tres niveles — 4to grado, 8vo grado y 15 años; (3) promediar los tres; (4) expresar el gasto por estudiante en la misma referencia; y (5) traducir el promedio real de cada sistema a la escala del 1 al 5 usando los rangos de logro publicados de su propia prueba.
Este índice muestra la distancia relativa frente a Estados Unidos. No representa un porcentaje de conocimiento ni años exactos de aprendizaje.
| Lugar | Índice |
|---|---|
| Singapur | 119 |
| Estonia | ≈110 estimado |
| Estados Unidos | 100 |
| Puerto Rico | 78 |
184 ÷ 237 × 100 = 78615 ÷ 517 × 100 = 119510 ÷ 465 × 100 = 110 estimadoPuerto Rico y Estados Unidos usan NAEP 2024. Singapur usa TIMSS 2023. Estonia no tiene un resultado TIMSS 2023 comparable; su valor se estima usando su relación frente a Estados Unidos en PISA 2022. Puerto Rico obtuvo 184 frente a 237 de Estados Unidos en NAEP.
| Lugar | Índice |
|---|---|
| Singapur | 124 |
| Estonia | ≈110 estimado |
| Estados Unidos | 100 |
| Puerto Rico | 79 |
216 ÷ 272 × 100 = 79605 ÷ 488 × 100 = 124510 ÷ 465 × 100 = 110 estimadoPuerto Rico obtuvo 216 frente a 272 de Estados Unidos en NAEP 2024. Los datos internacionales provienen de TIMSS 2023.
Aquí está el hueco más importante: Puerto Rico no participó en PISA 2022, así que no existe un número directo reciente. Se parte de su resultado real de PISA 2015 (378) y se actualiza con el cambio en la proficiencia de escuela superior que reporta ABRE entre 2019 y 2025 (la razón 35.2 ÷ 35.4):
| Lugar | Índice |
|---|---|
| Singapur | 124 |
| Estonia | 110 |
| Estados Unidos | 100 |
| Puerto Rico | ≈81 estimado |
575 ÷ 465 × 100 = 124510 ÷ 465 × 100 = 110378 × (35.2 ÷ 35.4) = 376376 ÷ 465 × 100 = 81Singapur, Estonia y Estados Unidos usan PISA 2022. Puerto Rico no participó separadamente; su valor se estima usando PISA 2015 y el cambio en proficiencia de escuela superior reportado por ABRE entre 2019 y 2025. Singapur obtuvo 575 puntos en PISA 2022; el promedio OCDE fue 472.
(119 + 124 + 124) ÷ 3 = 122.3(110 + 110 + 110) ÷ 3 = 110(100 + 100 + 100) ÷ 3 = 100(78 + 79 + 81) ÷ 3 = 79.3Se usa Estados Unidos como referencia:
Valores aproximados utilizados:
$14,600 por estudiante = 100$14,900–$15,300 en servicios regulares, cerca de 102≈$13,000, cerca de 90≈$9,500, cerca de 65| Lugar | Gasto por estudiante | Índice promedio |
|---|---|---|
| Singapur | ≈$13,000 (90% de EE.UU.) | 122.3 |
| Estonia | ≈$9,500 (65% de EE.UU.) | 110.0 |
| Estados Unidos | $14,600 (100%) | 100.0 |
| Puerto Rico | ≈$15,100 (102% de EE.UU.) | 79.3 |
Horizontal: gasto público anual por estudiante, en dólares (aprox.) · Vertical: promedio de los tres índices de aprendizaje (EE.UU. = 100).
Fuente: los mismos datos de la gráfica principal — NAEP 2024, TIMSS 2023, PISA 2022; gasto del Censo de EE.UU., OCDE y ministerios de educación. Nota: Dato calculado — índice con EE.UU. = 100; gasto aproximado.
El último paso produce la gráfica principal: la posición de cada lugar en la escala del 1 al 5 no usa el índice numérico directamente, sino dónde cae su promedio real dentro de los rangos de logro publicados de su propia prueba.
↑ Mayor ventaja de aprendizaje: cada nivel añade complejidad sobre el anterior.
Esta escalera del 1 al 5 se basa en las descripciones de logro publicadas de NAEP, TIMSS y PISA; no convierte las tres pruebas a una sola escala oficial, y las posiciones describen diferencias generales en la complejidad de las tareas, no niveles exactos para cada estudiante.
Puerto Rico tiene una puntuación real en NAEP, Singapur tiene una puntuación real en TIMSS, y Estados Unidos —que participa en ambas pruebas— sirve de puente. Ambas brechas se expresan respecto al resultado de Estados Unidos y se estandarizan, porque las dos pruebas usan escalas distintas.
216 · Estados Unidos, NAEP 2024: 272605 · Estados Unidos, TIMSS 2023: 488Cada brecha se divide por la desviación estándar de su propia prueba: ≈38 puntos en NAEP de octavo grado y ≈100 puntos en la escala original de TIMSS:
(216 − 272) ÷ 38 = −1.47 DE(605 − 488) ÷ 100 = +1.17 DE1.17 − (−1.47) = 2.640 · Estados Unidos: +1.47 · Singapur: +2.64La misma lógica permite expresar la ventaja de Singapur en puntos NAEP, útil para comunicar la magnitud aproximada de la brecha:
1.17 × 38 ≈ 44 puntos272 + 44 ≈ 316316 − 216 = 100 puntos NAEP-equivalentesPara contexto: 216 queda muy por debajo del umbral «Basic» de octavo grado, mientras que una puntuación estimada cercana a 316 estaría por encima de «Proficient» y por debajo de «Advanced». Este valor debe etiquetarse siempre como «Singapur: posición NAEP-equivalente estimada» y no se usa para ubicar a Singapur en la escalera del 1 al 5.
Tarea más directa. Una tabla muestra el número de artículos vendidos y la ganancia obtenida. El estudiante debe identificar la regla que conecta las dos cantidades y completar un cálculo.
Tarea más exigente. Dos compañías ofrecen planes de precios distintos: una cobra una cuota fija más baja pero un costo mayor por artículo; la otra, una cuota fija más alta pero un costo menor por artículo. El estudiante debe crear o interpretar ecuaciones para ambos planes, calcular varios totales, determinar cuándo cada plan es más barato y explicar por qué la conclusión es correcta.
Una pregunta liberada de álgebra de NAEP de octavo grado pedía identificar la ecuación representada por una tabla. El porcentaje que contestó correctamente fue:
22%46%86%98%Esto ilustra de forma más concreta qué significa la brecha de desempeño: el mismo problema se vuelve mucho más probable de resolver a medida que los estudiantes suben de nivel de logro. Ver la pregunta oficial de álgebra de NAEP.
La gráfica principal fusiona dos versiones anteriores — un mapa de dos ejes y una línea de complejidad del 1 al 5 — en una sola fila de círculos. Qué codifica cada cosa, y qué no:
La versión de dos ejes que aparece arriba se conserva como vista técnica: la misma información, sin la dramatización del tamaño.
El cálculo del tamaño estadístico sigue la idea general de usar a Estados Unidos como referencia común, pero es un estimado exploratorio simplificado y no reproduce la metodología formal de vinculación de NCES: el estudio oficial usó datos de ítems de las pruebas, modelos estadísticos y muestras de validación —no solo dos promedios y desviaciones estándar asumidas—, se basó en datos de 2011 y proyectó resultados TIMSS para estados de EE.UU., no una puntuación actual de Singapur en NAEP.
Puerto Rico gasta aproximadamente lo mismo por estudiante que Estados Unidos, pero su índice promedio de aprendizaje es cerca de 21 puntos menor. Estonia y Singapur gastan menos y obtienen resultados superiores. La gráfica no demuestra que el gasto cause directamente los resultados: también influyen la pobreza, la organización escolar, la calidad docente, el currículo, la administración y la continuidad del sistema.
La brecha entre Puerto Rico y Singapur no es simplemente una diferencia de puntos en una prueba. Representa una diferencia mayor en el tipo de problemas matemáticos que los estudiantes probablemente pueden resolver por su cuenta.
El promedio de Puerto Rico en matemáticas de octavo grado de NAEP fue 216, por debajo del umbral de logro «Basic» de NAEP. Los estudiantes con desempeño en este rango tienen más probabilidad de éxito cuando la información está claramente presentada, el procedimiento es familiar y el problema requiere un cálculo directo.
El promedio de Singapur en TIMSS de octavo grado fue 605, entre el punto de referencia «High» (550) y «Advanced» (625). Los estudiantes con desempeño cercano a este rango tienen más probabilidad de resolver problemas de varios pasos, razonar con expresiones algebraicas, conectar tablas, gráficas y ecuaciones, interpretar datos y justificar sus respuestas.
El Fondo General se sostiene con $13.6 mil millones en ingresos locales. Pero la fuente principal no es la que suele dominar la conversación pública.
¿Los ingresos cuadran con el gasto? En el papel, sí. PROMESA exige presupuestos balanceados, y los recaudos recientes superaron las proyecciones por $410M. También existen mecanismos de reserva: una retención de gasto del 5%, una reserva de tarifa eléctrica de $683M y fondos de pensiones en crecimiento. Pero esa disciplina no es lo mismo que estabilidad estructural. Parte de los años buenos se comparte con acreedores mediante instrumentos de valor contingente, y las reservas existen precisamente porque los dos pilares más importantes — transferencias federales e impuestos de multinacionales — no están completamente bajo control local.
Antes de que el presupuesto compre servicios de hoy, una parte importante ya está comprometida: deuda, pensiones y obligaciones acumuladas durante décadas.
27¢ de cada dólar recaudado localmente paga obligaciones del pasado. Casi todo el pago de deuda sale de ingresos locales, no de fondos federales. Y esta gráfica todavía deja fuera otro canal importante: una parte del IVU paga la deuda reestructurada de COFINA antes de llegar a la caja de Hacienda.
El patrón es claro: las agencias más antiguas y con más historial de nómina — escuelas, carreteras, ambiente, seguridad pública — cargan una parte mayor del pasado. Las agencias que funcionan principalmente como canales de transferencia, como el seguro de salud o los programas de bienestar, casi no cargan esa factura.
Las pensiones no son desperdicio. Son compensación ganada por trabajo ya realizado. El problema es institucional: durante décadas se prometieron beneficios sin reservar el dinero suficiente para pagarlos. El resultado es que el presupuesto actual paga dos veces: por los servicios de hoy y por obligaciones que debieron haberse financiado ayer.
Bajo PROMESA, el presupuesto del Gobierno Central no tiene fuerza legal hasta que la Junta de Supervisión Fiscal lo certifica. Su poder no se limita al Fondo General: alcanza fondos especiales, fondos federales y entidades públicas con planes fiscales propios.
Este año, la Junta certificó el presupuesto revisado por cuenta propia, luego de que la gobernadora y la Legislatura no llegaran a un acuerdo. Eso significa que los superávits, las reservas y los presupuestos balanceados que aparecen en este informe existen dentro de una estructura de control fiscal creada por una ley federal.
Puerto Rico no solo opera bajo esa estructura: también paga por sostenerla. Las operaciones de la Junta y los costos profesionales de la reestructuración forman parte del costo de la crisis fiscal. Si ese arreglo debe entenderse como protección, tutela o pérdida de autonomía, es una de las preguntas políticas que quedan abiertas.
Cuando Puerto Rico entró en quiebra, cargaba con cerca de $125B en obligaciones: unos $70B en bonos y alrededor de $55B en pensiones sin financiamiento. Eso equivalía a aproximadamente $35,000 por residente. Pero entender cuánto se debía es solo el comienzo. Lo importante es ver cómo esa deuda todavía se paga hoy.
Los Capital Appreciation Bonds (CABs) funcionaban como préstamos en los que se pagaba poco o nada durante años, mientras los intereses seguían creciendo en silencio. Cuando llegaba el vencimiento, la deuda se multiplicaba. En algunos casos, cerca de $4.3B prestados terminaron convirtiéndose en $33.5B por pagar: la mayoría era interés acumulado, no dinero nuevo recibido por Puerto Rico.
También hay que distinguir. No toda la deuda funciona así. La deuda reestructurada después de PROMESA tiene un costo mucho más cercano al de un préstamo convencional. El problema extraordinario estuvo en ciertas estructuras emitidas antes de la quiebra, especialmente los CABs, que convirtieron atrasar pagos en una factura mucho más grande para el futuro.
La quiebra no produjo un solo ganador ni un solo perdedor. Algunos inversionistas recuperaron gran parte de su dinero. Otros lograron retornos extraordinarios. La diferencia no estuvo solamente en el tipo de bono que tenían, sino en cuándo lo compraron.
El plan de ajuste trató igual a todos los tenedores del mismo bono. La diferencia estuvo en el precio que cada uno había pagado para adquirirlo. Quien compró a la par antes de la crisis tuvo un resultado muy distinto de quien compró durante el pánico, cuando algunos bonos se vendían por una fracción de su valor original.
Vista desde lejos, la ganancia agregada — cerca de $16B bajo la mezcla documentada — puede parecer un rendimiento moderado distribuido durante décadas. Pero esa lectura es engañosa. Los tenedores originales a la par casi empatan en términos nominales, lo que implica una pérdida real después de inflación. La ganancia se concentró principalmente en quienes compraron durante el colapso del mercado.
La pregunta no es si un incentivo suena bien o mal. La pregunta pública es más concreta: ¿produce más valor para Puerto Rico del que cuesta? En el caso de los inversionistas individuales de la Ley 60, la respuesta honesta es incómoda: con los datos publicados hoy, nadie puede demostrarlo con precisión.
La diferencia de escala es clara. Por PIB, por impuestos pagados y por empleo directo, la manufactura supera por mucho al programa de individuos bajo Ley 60. Aun así, los rangos estimados de la Ley 60 no son triviales: una contribución económica de $1–5B al año y posibles ingresos no recaudados de $0.3–1.5B son montos suficientemente grandes para afectar el debate público. El problema es que ambos lados de la ecuación siguen sin medirse de forma transparente.
Con el mismo beneficio estimado, la conclusión cambia por completo según el daño que se asuma: +$2.8B, +$1.0B o −$1.7B. Eso no prueba que el programa sea positivo o negativo. Prueba algo más básico: Puerto Rico no publica los datos necesarios para decidirlo. El patrón se repite en todo este proyecto: escuelas charter sin desglose público suficiente, bonistas sin precios de compra divulgados, incentivos sin una contabilidad completa de costos y beneficios.
La introducción mostró el edificio completo: tres pisos de presupuestos y cerca de $42.5B contados una sola vez. Este capítulo baja a los pisos que la Sábana no muestra con detalle: las corporaciones públicas, la tubería del CRIM, los 78 presupuestos municipales y las obligaciones del pasado que aparecen en cada nivel.
El CRIM no funciona como una agencia que presta servicios diarios. Su papel principal es recaudar y distribuir la contribución sobre la propiedad. En el AF2025, ese fideicomiso movió cerca de $1.26B. Pero casi la mitad no llegó directamente a las alcaldías: se retuvo desde el origen para pagar deuda municipal.
Ese dinero sostiene la operación básica de los pueblos: administración municipal, carreteras locales, edificios, recogido de basura, policía municipal y recreación. Pero los servicios más grandes — escuelas, hospitales, tribunales y seguridad pública a escala isla — siguen concentrados en el Gobierno Central.
En 2022, el fondo de equiparación representaba más del 30% del presupuesto en 17 de los 78 municipios. Para los grandes centros urbanos, en cambio, era casi irrelevante. Al eliminarse gradualmente, el impacto no se distribuye por igual. Municipios como Las Marías, Utuado y Vieques ya operan más de la mitad de su presupuesto con dinero no recurrente: fondos de reconstrucción, ingresos extraordinarios o arbitrios de construcción. En la práctica, parte del gobierno municipal funciona con dinero que no está garantizado para el próximo año.
El hallazgo del Capítulo 6 no se queda en el Gobierno Central. Las obligaciones heredadas aparecen también en las corporaciones públicas, la universidad, el agua, la electricidad y los municipios.